Sesión 1

Sesión 01: Primera lectura (en aula)

¿Por qué la filosofía?

–Una introducción general a la filosofía–

 

“No pienso dejarlo al momento y marcharme,

sino que le voy a interrogar, a examinar y a refutar,

y, si me parece que no ha adquirido la virtud y dice que sí,

le reprocharé que tiene en menos lo digno de más

y tiene en mucho lo que vale poco.”

Platón: Apología

“Debo vivir filosofando y examinándome

a mí mismo y a los demás” (Sócrates)

Platón: Apología

 

1.- ¿Qué es filosofía? 

No es fácil dar una definición cerrada de filosofía, pues, implica un acto abarcadoramente humano (desde la vida común hasta la especialización científica).  ‘Filosofía’ se puede decir de varias maneras.  Etimológicamente, en una traducción excesivamente convencional, filosofía viene a ser amor a la sabiduría (philos = amigo o amante; sophía = sabiduría, saber teórico, entendimiento y/o ciencia).

Intentando una definición, en primer lugar decimos que la filosofía no constituye un cuerpo de doctrinas específico, propio y exclusivo; más bien es una actividad humana racional de reflexión sobre todos aquellos aspectos que se consideran fundamentales en distintos ámbitos de la vida humana. En esta reflexión, la crítica juega un papel imprescindible; es decir, la vida de la filosofía está dada por la actitud de crítica permanente a los supuestos, a las nociones fundamentales, a las teorías, a las creencias básicas, a los objetivos y métodos de la vida científica, a los prejuicios, e inclusive a la vida ordinaria. O sea, hacer filosofía viene del lado del esfuerzo para salir de nuestra ‘existencia perezosa’ (tomarlo todo como viene sin ponerlo en tela de juicio), de no quedarnos en nuestras certidumbres, en nuestros presupuestos recibidos, sino examinarlos y quizá superarlos. Esto no quiere decir que debamos rechazar lo sistémico y avanzado por los pensadores; claro que no, ellos también partieron de las preguntas cotidianas, sólo que, después de un trabajo fuerte de análisis-síntesis, lo sistematizaron.  

2.- Por qué es importante la filosofía [1]

(Pequeño fragmento de la entrevista de Bryan Magge al filósofo Isaiah Berlin

Bryan Magee: ¿Qué razón puede usted dar a alguien para que se interese en la filosofía, si es que aún no lo ha hecho por propia iniciativa, o si el sistema educativo no le ha inculcado este interés?

Isaiah Berlin: En primer lugar, los problemas filosóficos son interesantes por sí mismos. A menudo se refieren ciertos supuestos, en los que se fundamenta una gran cantidad de creencias generalizadas. La gente no desea que tales supuestos se examinen demasiado; comienza a sentirse incómoda cuando se le obliga a analizar en qué se fundan realmente sus creencias; pero, en realidad son motivos de análisis filosófico gran cantidad de creencias ordinarias, de sentido común. Cuando se examinan críticamente, resultan, en ocasiones, mucho menos firmes, y su significado e implicaciones mucho menos claros y firmes que lo que parecían a primera vista. Al analizarlas y cuestionarlas, los filósofos amplían el autoconocimiento del hombre.

B.M.: A todos nos molesta que sondeen nuestras creencias y convicciones más allá de cierto límite y, pasado ese límite, nos negamos a hacer más sondeos. ¿Por qué somos así?

I.B.: Supongo que, en parte, porque a la gente no le gusta que se le analice en demasía; que se ponga al descubierto sus raíces y que se le inspeccionen muy de cerca, y en parte, porque la necesidad misma de la acción impide este escrutinio. Si se está activamente comprometido en alguna forma de vida, resulta inhibitorio y, quizá finalmente, paralizante, el que se le pregunte constantemente: “¿Por qué hace esto? ¿Está seguro que las metas que pretende lograr son verdaderas metas? ¿Está seguro de que lo que hace no va, de ninguna manera, en contra de las reglas, principio o ideales morales en los que pretende creer? ¿Está seguro de que algunos de sus valores no son mutuamente incompatibles, y de que no quiere confesárselo? Cuando se enfrenta a alguna disyuntiva, de cualquier índole, ¿no se encentra, en ocasiones, tan nervioso que no desee enfrentarse a ella, y que cierra los ojos e intenta pasar la responsabilidad a una espalda más ancha: al Estado, a la Iglesia, a la clase social, a alguna otra asociación a la que pertenezca, quizá al código moral general de la gente decente ordinaria, cuando debería pensar en el problema y resolverlo por usted mismo?” Muchísimas de estas preguntas desaniman a la gente, o la irritan; minan su confianza en sí misma y, por ende, suscitan resistencias. 

Platón hace decir a Sócrates que una vida sin examen no merece vivirse. Pero si todos los integrantes de una sociedad fuesen intelectuales escépticos, que estuvieran examinando constantemente los presupuestos de sus creencias, nadie sería capaz de actuar. Sin embargo, si los presupuestos no se examinan y se dejan al garete, las sociedades corren el riesgo de osificarse; las creencias, endurecerse y convertirse en dogmas; distorsionarse la imaginación, y tornarse estéril el intelecto. Las sociedades pueden decaer a resultas de dormirse en el mullido lecho de dogmas incontrovertidos. Si ha de despertarse la imaginación; si ha de trabajar el intelecto, si no ha de hundirse la vida mental, y no ha de cesar la búsqueda de la verdad (o de la justicia, o de la propia realización), es preciso cuestionar las suposiciones; ponerse en tela de juicio los presupuestos; al menos, lo bastante para conservar en movimiento a la sociedad. Los hombres y las ideas avanzan, en parte, por parricidio; mediante el cual los hijos matan, si no a sus padres, al menos las creencias de sus padres, y adoptan nuevas creencias. De esto es de lo que dependen el desarrollo y el progreso. Y, en este proceso, tienen un papel preponderante quienes formulan estas preguntas inquietantes, y tienen una profunda curiosidad acerca de la respuesta. Cuando emprenden esta actividad de manera sistemática y utilizan métodos racionales (también expuestos al escrutinio crítico, se les denomina filósofos). 

B.M: ¿En qué consiste la tarea del filósofo?

I.B: No es tarea del filósofo moral, como tampoco del novelista, guiar la vida de la gente. Su tarea es enfrentarla a los problemas; a la gama de los posibles caminos de acción; explicarle qué podría escoger y por qué. Debe tratar de iluminar los factores que están en juego; revelar la gama más amplia de posibilidades y sus implicaciones; mostrar el carácter de cada posibilidad, no aislada, sino como elemento de un contexto más amplio; quizá de toda una forma de vida. Más aún: debe mostrar cómo abrir una puerta puede hacer que otras se abran o se cierren; en otras palabras, revelar la inevitable incompatibilidad o choque entre algunos valores; a menudo, valores inconmensurables; o bien, para expresarlo de manera ligeramente diferente, señalar las pérdidas y las ganancias implicadas en una acción, en toda una forma de vida; a menudo no en términos cuantitativos, sino en términos de principios o de valores absolutos, que no siempre pueden armonizarse. Cuando, de esta manera, el filósofo moral ha  situado una conducta en su contexto moral, ha identificado su posición en un mapa moral; ha relacionado su carácter, motivación finalidad con la constelación de valores a la que pertenece; ha obtenido sus consecuencias probables y sus implicaciones pertinentes; ha argumentado a favor o en contra de ella, o tanto a favor como en contra de la misma, con todo el conocimiento, comprensión, habilidad lógica y sensibilidad moral que posea, y entonces ha realizado su labor de consejero filosófico. Su tarea no es predicar, exhortar, alabar o condenar, sino sólo iluminar: de esta manera puede ayudar; pero entonces toca a cada individuo o grupo, a la luz (de la que nunca puede haber bastante) de lo que creen y de lo que buscan, decidir por sí mismos. El filósofo no puede hacer más que aclarar, lo más que pueda, lo que está en juego. Pero hacerlo es ya hacer mucho.   

3.- Por qué leer filosofía hoy [2]

La filosofía tiene la curiosa reputación de ser, al mismo tiempo, una actividad misteriosa y accesible. Se le atribuyen poderes de penetración en los secretos de la naturaleza o de la existencia, se asocia su ejercicio a la vida solitaria del pensador y se cree, desde tiempos remotos, que el filósofo anda, literalmente, en las nubes, desligado de las preocupaciones reales de la vida práctica. Es conocida la anécdota que relata Diógenes Laercio sobre la mujer que, viendo al filósofo Tales de Mileto tropezar y caer en un hoyo, le dice: “Oh Tales, tú presumes ver lo que está en el cielo, cuando no ves lo que tienes en tus pies”. Al mismo tiempo, sin embargo, se considera igualmente que la filosofía es una actividad accesible a todos, que cualquier persona posee la capacidad de expresar razonadamente sus pensamientos y que la filosofía debería ocuparse de los problemas reales de la sociedad y de su transformación. Escribe así Hegel, por ejemplo, que la filosofía es “la comprensión de la propia época en pensamientos”. 

Esta contradictoria reputación es, en realidad, el rostro más interesante de la filosofía, y lo que produce, acaso, su mayor fuerza de atracción. Teniendo como su objetivo principal la comprensión del sentido de la realidad y de la vida, la filosofía está esencialmente ligada a la experiencia cotidiana, a la existencia individual, a la cultura, a la historia. Pero, por tratarse de una actividad enraizada en una tradición milenaria de pensamiento y reflexión, no puede menos que volverse compleja, rigurosa, especializada. A diferencia, sin embargo, de lo que ha ocurrido con las ciencias particulares en la sociedad moderna, que ha restringido deliberadamente su campo y su objeto de investigación, la filosofía no puede renunciar a la pretensión de abarcar la realidad y la vida en su totalidad. Aun teniendo en cuenta los avances de las ciencias, lo que ella busca es la razón de ser, el sentido de las cosas, y por eso precisamente no puede desvincularse de la experiencia existencial ni de las preocupaciones cotidianas de las personas comunes y corrientes. 

La filosofía es, en ese sentido, una digna heredera del dios Hermes. Corriendo siempre el peligro de volverse hermética, ella tiene, en realidad por misión ser más bien permanentemente hermenéutica, es decir, interpretativa, comprensiva. Su papel central, como bien señala Jürgen Habermas, es el de ser intérprete de las múltiples voces que se expresan, en diferentes lenguajes, en diversas tonalidades, con intereses distintos, en los variados escenarios de los que se compone la vida: tanto las voces de la ciencia como de la opinión común, del arte tanto como de la técnica, de la cultura al igual que de la historia. A ella le corresponde resistirse a los peligros de la incomunicación y la intolerancia, que con frecuencia han sido obstáculos para el descubrimiento de la verdad y el ejercicio de la libertad.

 4.- ¿Qué es el filosofar? [3]

En todos los alumnos, como en todo ser humano, la filosofía vive ya de manera real aunque probablemente en forma ‘salvaje’, carente de método y sin mayor ‘conciencia’ de ella misma…Para mí – y de acuerdo a la práctica heredada de Sócrates – la filosofía está del lado de la vida cotidiana, de las preguntas que uno se hace a diario: ¿Qué es vivir?¿Qué sentido tiene el trabajo que hago?¿Qué es hacer bien las cosas?¿Cómo vivir bien en tanto ser humano? …Para nosotros, la filosofía estará sobre todo del lado del ‘saber-hacer’, del ‘saber-sentir’ y del ‘saber vivir’… Filosofar es ante todo ‘un acto autodidacta’. Es acto que, como todo acto, nace de un deseo, de un sentimiento, de sentir en nosotros la presencia de una ausencia o la presencia de preguntas… 

Cuando proponemos asumir el filosofar como ‘acto’ y ‘espacio de un sentido’, asumimos que si uno pretende tratar una cuestión filosófica sin exponerse a ella, sin dejarse interrogar por ella, entonces no está filosofando. Todas las preguntas filosóficas, incluso las lógicas, nacieron del deseo, de la voluntad de entender, de comprender una dimensión humana. Filosofar es siempre por lo tanto explorar ese espacio de los posibles del espíritu, espacios que son también los del sentir en nosotros. Se trata de explorar y dar cuenta de lo que somos como espíritu encarnado, ‘cuerpo habitado por la palabra’. La tentación es refugiarse en un solo polo: cuerpo o espíritu. 

Hemos dicho que se trata de ‘exponernos a preguntas’. Siendo así, podemos decir que no es filosófico el espíritu de aquel, quienquiera que sea, que llega al discurso filosófico con una suerte de blindaje, con una respuesta ya lista para cualquier cuestión y que renunciaría a volver a empezar. La filosofía es, profundamente, fragilización: nos sitúa siempre en medio de un caminar, de un desequilibrio sentido, de una búsqueda.

Hegel dijo algo muy pertinente cuando propuso a la vaca como modelo del filosofar. La vaca frente a la hierba no se queda en la inmediatez de la sensación de lo verde. No, ella procura ‘dar cuenta’ (logon didonai, como decían los griegos, es decir respetar aquello que tengo en frente e inscribirlo en el logos) de la hierba como alimento. ¿Cómo lo hace? Convirtiendo la hierba en lo que es para ella, es decir, ‘alimento’. La corta, la come y la traga, pero no se queda en la inmediata sensación de alimento ni en la primera digestión. Va a rumiar la hierba una vez, dos veces. Haciendo eso, ¿qué hace? Analiza la hierba, la descompone en sus nutrientes, con paciencia. La vaca hace su análisis pacientemente y llega a la síntesis alimenticia que es para ella la hierba comida. La filosofía también es ejercicio de paciencia, de análisis detenido, hasta llegar a una síntesis.

5. ¿Dónde empieza la filosofía? [4]

 

- En la experiencia.- Entre los filósofos sigue predominando en buena medida la convicción de que la experiencia es el punto de partida de todo filosofar. Nosotros partimos de nuestro mundo experiencial familiar y cotidiano, en el que sabemos orientarnos. En el mundo experiencial siempre estamos experimentando. Sin embargo la filosofía no supone una determinada forma científica de experiencia; no es necesario estudiar ciencias experienciales (como física, química, biología, etc.) para poder filosofar. La filosofía arranca más bien de una forma precientífica y cotidiana de experiencia en la cual el mundo está siempre abierto a nuestro conocimiento y actuación. M. Heidegger interpreta esa experiencia precientífica y cotidiana como el “estar en el mundo” de la existencia (humana)… La experiencia cotidiana y precientífica, en el sentido del originario “estar en el mundo” se comporta frente a la experiencia científica, metodológicamente precisa, del mismo modo que lo hace el lenguaje coloquial de todos los días, como lenguaje natural, frente a los lenguajes especializados de las ciencias. Nosotros podemos decir: el mundo experiencial del lenguaje coloquial y abierto es todo lo que la filosofía supone al comenzar. 

- En la admiración.- El cuestionamiento filosófico empieza cuando nuestro mundo experimental pierde su evidencia y familiaridad. Según K. Jaspers eso ocurre sobre todo en ‘las situaciones límite’, como es frente a la muerte, en los sufrimientos, en la lucha, en la situación de culpa, etc. El filosofar es como un despertar de las ligaduras que nos atan a las necesidades de la vida. Platón en el Teeteto (155d) escribía: “El asombro es la actitud de un hombre que ama verdaderamente la sabiduría; más aún, no hay ningún otro comienzo de la filosofía que no sea este.” Aristóteles (Metafísica, 1,1, 982b) por su parte indica: “Antes lo mismo que hoy el asombro ha inducido a los hombres a filosofar. Ahora bien, quien pregunta y se admira tiene un sentimiento de ignorancia. Por eso es amigo de los mitos y en cierto sentido es un filósofo. Los mitos, en efecto, están llenos de maravillas. Así, pues, para remediar su ignorancia, los hombres empezaron a filosofar”…Para Sócrates el filosofar comenzaba con el conocimiento de no saber nada. Pero esa ignorancia empuja hacia un saber que es de distinta índole que el saber experimental.

- En la duda.- La pérdida de la evidencia convierte en dudoso el saber experimental. El hombre aspira a lograr una certeza fundamental y nueva mediante una crítica del saber experimental y del mundo de la experiencia cotidiana. Aspira a conocer una nueva fundamentación de su posibilidad. Pero eso sólo puede hacerlo, cuando toma la duda radicalmente en serio y la desarrolla hasta sus últimas consecuencias. Dos nombres ocupan aquí el primer plano: Agustín (354-430) y Descartes (1596-1650). 

- En la ausencia de prejuicios.- La filosofía no puede establecer de antemano su método, sino que el método de la filosofía es a su vez un problema de la misma…Así pues, el método de la filosofía no se le puede incorporar ‘desde fuera’, partiendo por ejemplo d otras ciencias, sino que el método de filosofar tiene que surgir en el planteamiento filosófico.  

6.- Tres formas generales de la filosofía:

a) Sistemáticamente.- En una parte, la filosofía como un ‘corpus de saberes’ sistematizado y subdividido se presenta como algo abstracto, como una ciencia, y los campos en los que se expresa pueden ser: la epistemología (ciencias), la gnoseología (teoría del conocimiento), la lógica (razonamiento formal), la ontología/la metafísica (el ser, las primeras causas, los universales), la teodicea (ciencia de Dios), la antropología (el ser humano), la cosmología (la naturaleza), la estética (el arte), la ética (acciones humanas), la política(la vida en sociedad), etc.

b) Histórica.- La filosofía también  puede expresarse como una revisión histórica. Para lo cual se ha estandarizado cuatro etapas: la filosofía antigua (s.VI a.c.-III d.c.), la filosofía medieval (s.III-XV), la filosofía moderna(s.XVI- XIX) y la filosofía contemporánea(s.XX hasta hoy).

c) Como vida práctica.- Por otro lado, la filosofía está del lado de la vida diaria, de la vida práctica, de las preguntas cotidianas: ¿qué es la vida, qué el hombre, qué el destino, qué la muerte, cómo será mi futuro?, etc. En esta parte, la filosofía está del lado del ‘saber-hacer’ o del ‘saber-sentir’, del ‘saber-vivir’. Es decir, si es que nos atrevemos a hacernos preguntas por nuestros proyectos, por el sentido de las cosas, si examinamos nuestras tradiciones, nuestro pasado, se está haciendo ya filosofía sin saber necesariamente de los sistemas, las épocas o de filósofos.

Actividad:

 Reunidos en equipos cooperativos responden el cuestionario:

1. ¿Qué es el filosofar?

2. ¿Cómo se puede conceptuar a la filosofía?

3. ¿Por qué resulta importante la filosofía?

4. ¿Qué función tiene el pensamiento crítico en la filosofía?

5. ¿Por qué todos pueden filosofar?

6. ¿Para qué nos serviría la filosofía?


[1] Brian Magee. Los hombres detrás de las ideas. México: Fondo de Cultura Económica, págs. 17-46.

[2] Giusti, M.; Mejía, E.: Por qué leer filosofía hoy (prólogo). PUCP, Lima, 2008, págs. 9-10.

[3] Santuc, Vicente: El topo en su laberinto. Introducción a un filosofar posible hoy; UARM, 2005, págs. 25-31

[4] Anzebacher: Introducción a la filosofía. págs.. 17-19.

Sesión 01: Material de ayuda (filosofía histórica)

PRIMEROS PASOS DE LA FILOSOFIA

1.- ¿Del mito al logos?

“Del mito al logos”, expresión tradicional con la que se hace referencia al origen de la filosofía como superación de las formas míticas y religiosas de pensamiento y al advenimiento de un pensamiento racional que incluye tanto la filosofía como la ciencia. Su inicio se sitúa en la Grecia del siglo VII – VIII a.c., y es obra fundamentalmente de los (primeros) filósofos de la escuela de Mileto: Tales, Anaximandro y Anaxímenes. Sin embargo, para muchos filósofos, el mito nunca fue reemplazado, tuvo una vida paralela con el logos; y hasta fue usado por filósofos de renombre como Platón.

a) Condiciones favorables para el ‘logos’ (griego)

-A partir del s.VIII a.c. aparecieron los núcleos urbanos, las polis, y con esto las primeras formas de comercio y de organización social :la democracia. La aparición de la escritura ayudó a la abstracción.

-La religión politeísta griega, sin dogmas precisos ni libros sagrados, ayudó en el libre pensar.

-El ocio, en Grecia, favoreció al arte y a las actividades intelectuales (el trabajo era para los esclavos).

- La relevancia que se le otorgó a la crítica y la sospecha.

b) La crítica y la sospecha

En el s.VI a.c. algunos empezaron a cuestionarse tanto las explicaciones como las pautas de conducta que ofrecían los mitos. Notaban incoherencias entre los mitos de los pueblos. La actitud de sospecha, reflexión y crítica llevaron a éstos a preguntarse sobre la validez de los mitos para el conocimiento, para la vida, para la creencia. Por eso, mostraron desconfianza de las narraciones imaginativas o explicaciones populares. En vez de ello, apostaron por una mirada nueva, es decir, recurrieron a la observación, al análisis del mundo y de las cosas (incluido el hombre) intentando descubrir las causas. La narración e invención mítica fue paulatinamente reemplazado por el concepto, es decir, por el esfuerzo de abstracción intelectual acerca de algo. Así surgió la necesidad de explicar las cosas, no por la imaginación ni la metáfora o el símbolo, sino por lo lógico, por lo racional, por el esclarecimiento de la razón (logos).

El siguiente cuadro puede ayudar a identificar los rasgos diferenciados:

Mito Logos

Discurso o narración ficticia. No requiere comprobación ni demostración. Su enseñanza va oculta en el símbolo. Discurso o narración explicativa y demostrativa, con fundamento. Contiene conocimientos explícitos.

Mundo caótico (no hay leyes fijas) Visión racional del mundo: búsqueda del orden y leyes (sociales, físicas, científicas, etc.) estables.

El destino del hombre depende de la voluntad externa, de los dioses, de los seres o fuerzas sobrenaturales. Se busca las causas o los principios lógicos por los que se mueve el hombre, la naturaleza y el universo.

Explicación metafórica, figurativa, simbológica, ritual.

Explicación racional, abstracción. Explicaciones universales, lógicas y coherentes (concepto).

Explicación arbitraria: los contenidos no se discuten, vienen dados, no requiere logicidad ni discusión. Son sentidos dados (pre-juicios). Para llegar a un concepto se requiere de reflexión, polémica, diálogo, argumentación racional, juicio (el juicio es poner en cuestión los pre-juicios).

Nota 1: Con el logos nació la filosofía, como nueva forma de explicar las cosas, como búsqueda de conocimientos (racionales), de sabiduría.

Nota 2: No quiere decir que con la filosofía el mito desaparece; su vida es paralela, unas veces vive oculta (modernidad), otras veces se evidencia (antigüedad y actualmente). Al final, ambas se requieren: el mito oculta ‘verdades’ y a veces la filosofía las ‘descubre’ y las enjuicia. Hoy el mito ha vuelto a dar la ‘cara’.

c) Primeras preguntas filosóficas

Por la naturaleza: ¿Puede haber algo estable que nunca cambie y que sea el principio de todo?

Por el conocimiento: ¿Qué hay más allá de la simple imaginación y más allá de lo que captan nuestros sentidos; o sea, algo que se pueda comprender con el pensamiento?

Por el ser: ¿Qué es lo que realmente existe, el cambio o la esencia permanente?

2.- Primeros filósofos

a) Periodo cosmológico

Fueron los milesios los primeros pen¬sadores que comenzaron a alejarse del dis¬curso mítico para abordar, desde una pers¬pectiva distinta, más argumentativa, el tipo de preguntas que, como vimos en el capí¬tulo anterior, el hombre se ha formulado desde siempre. Así, la preocupación de estos pensadores puede resumirse en una pregunta en par¬ticular: ¿cuál es el arjé de todo lo existente, de todo lo que es?, esto es, ¿cuál es el prin¬cipio rector (arjé, en griego) del que todo surge y al que todo desemboca?

Se considera que, históricamente, Thales de Mileto (640 – 546 a.c.) es el primer ejemplo de hombre que deja atrás el pensamiento mítico para ejercer o prac¬ticar el pensar racional. Para los milesios la realidad era el Cosmos, el mundo orde¬nado y organizado que, según sus mitos, provenía del caos primordial o inicial. Para Thales, por consiguiente, la pregun¬ta por el fundamento de la realidad era la misma que la pregunta sobre cuál era el principio ordenador o la fuerza que había hecho surgir el Cosmos del caos. Su respuesta fue que dicho principio era el agua, que era el fundamento de todas las cosas. Los otros milesios notables son Ana¬ximandro y Anaxímenes; para el primero, el principio ordenador del Cosmos era e! infinito al que llamó apeirón y para el segundo era el aire, del cual provenían el viento, las nubes, el fuego, el agua, etc.

La preocupación y el estilo de pen¬samiento de los filósofos de Mileto se extendieron a otras regiones de Grecia; así aparece Pitágoras de Samos (530 a.e.), a quien se atribuye haber fundado una escuela en Crotona en la que al lado de la filosofía se cultivaba la matemática. Para Pitágoras y sus discípulos el Cosmos era tan ordenado y armonioso que sus movimien¬tos producían una especie de melodía. Por ello consideró que el fundamento de una estructura tan precisa y perfecta estaba constituido por los números.

Heráclito de Éfeso consideró, en cam¬bio, que el principio fundamental es el fuego y que la realidad está permanente¬mente cambiando por la lucha de contrarios (amor-odio, frío-caliente, etc). En este constante cambio lo único verdadero es el cambio mismo, el incesante fluir. Así afirmaba Heráclito, “no puedes bañarte dos veces en el mismo río, porque nuevas aguas corren siempre sobre tí”.

Parménides de Elea (475 a.e.), por su parte, afrontó también la pregunta que hemos planteado, pero sin recurrir ya a ele¬mentos materiales, sino más bien a concep¬tos. Así, pues, para responderla distinguió entre conocimiento sensorial, proporciona¬do por los sentidos, y conocimiento racional o verdadero. Sostuvo, en conse¬cuencia, que, mientras el conocimiento sen¬sorial nos da la impresión de cambio y movimiento (como, por ejemplo, cuando constatamos a través de nuestros sentidos que las plantas crecen o que las personas envejecen), estos cambios son sólo aparentes. Hay algo que no cambia, que permanece y que, por esa razón, es el fundamento de la realidad. Aquello que no cambia es el ser, esto es, lo que permanece siendo; y sólo a través de la razón podemos conocerlo. El cambio es el paso del ser (joven, por ejemplo) al no ser (no ser joven, es decir, ser viejo). De esta manera, el cambio supone una contradicción: lo que es no puede no ser; así es que debemos centramos en aquello que no cambia, es decir en el ser, lo que permanece siempre siendo. Por tanto, según la escuela eleática de Parménides, la realidad es una esfera perfecta, invariable, única, y cualquier cambio o movimiento que dé la sensación de que lo que es deja de ser, es sólo apariencia no fruto del conocimiento racional.

Demócrito de Abdera (460 a.e.) intuyó la teoría atomista, al afirmar que el fundamento de la realidad lo constituían unas partículas o corpúsculos indivisibles, llamados átomos. De esta manera todos los objetos o cosas de la realidad son combinaciones de átomos.

A todos los filósofos anteriores, por haber estado preocupados por el principio o fundamento primero del Cosmos, se les conoce como representantes del periodo cosmológico. También se les llama pre socráticos, por haber precedido en el tiempo al insigne filósofo Sócrates de Atenas.

b) Período Antropológico

En los últimos 50 años del siglo V a. e. se inicia el período antropológico de la filosofía griega, porque es el hombre y, en particular, el conocimiento humano lo que se convierte en el tema central de las reflexiones filosóficas. Sócrates (469 a.e. – 399 a.e.) es el iniciador de esta etapa y (un altísimo exponente de la filosofía de todos los tiempos. Se enfrentó a los sofistas, que eran maestros en el arte de la retórica, y quienes además enseñaban a sus discípulos cómo convencer o persuadir a la gente. Los sofistas sostenían que el conocimiento humano, entendido éste como algo verdadero universalmente, no era posible, pues los hombres sólo podían acceder a experiencias particulares que no sólo cambian de persona a persona (a mí me puede parecer que la miel es más dulce que el azúcar), sino que, asimismo, las experiencias son cambiantes incluso refiriéndonos a una misma persona (cuando yo era joven me parecía que la miel era más dulce que el azúcar y ahora ya no). Así, si ningún conocimiento es posible, lo importante era saber persuadir. Esta doctrina fue enseñada por conocidos sofistas, como Gorgias, Protágoras, Pródico e Hipias, quienes eran, además, maestros de elocuencia política.

Sócrates, en oposición a las tesis sofísti¬cas, afirma que existe un conocimiento ver¬dadero que se expresa a través de concep¬tos a los que llamó logos. Para llegar a la verdad, inventó el método de la definición de conceptos empleando el diálogo que estaba constituido por dos fases: la ironía y la mayéutica.

La ironía es el momento de la refutación de las ideas falsas del interlocutor; se le hace aceptar las contradicciones que se deducen de sus opiniones. Una vez que el interlocu¬tor abandona, con alguna vergüenza, sus .ideas erróneas, comienza la mayéutica. Ésta consiste en conducir al interlocutor, median¬te preguntas, a que él mismo descubra la verdad que está ya en su alma, en otras palabras, se le ayuda a que dé a luz la verdad que lleva dentro. Por ese hecho, Sócrates afirma¬ba que tenía la profesión de su madre, Fenarete, que era comadrona, con la diferen¬cia de que él era un partero de ideas.

Esa convicción socrática de que la verdad existe y de que la llevamos den¬tro es lo que condujo a que recomen¬dara a sus conciudadanos que se auto examinarán y se conocieran a sí mismos para encontrar así la verdad pro¬funda de la que todos somos portadores. Sin embargo, sus enseñanzas fueron incomprendidas y consideradas peli¬grosas por los atenienses, que lo enjui-ciaron y condenaron a morir bebiendo la cicuta, un veneno poderoso.

Sócrates no dejó obra escrita, siendo consecuente con su idea de que la verdad se extrae del diálogo con los demás. Conocemos su pensamiento a través de los escritos de su más notable discípulo, Platón (427 a.c. – 347 a.c.).

CUESTIONARIO:

1. Explica brevemente cuáles son las condiciones que favorecen el surgimiento del ‘logos’.

2. Señala las diferencias entre el concepto de ‘mito’ y el concepto de ‘logos’.

3. Resume las ideas centrales de los filósofos representantes del período cosmológico.

4. Respecto al periodo antropológico, señala las diferencias principales entre el pensamiento de los sofistas y Sócrates.

Una respuesta a Sesión 1

  1. La filosofía y todos sus misterios para llegar a la luz con un pensamiento y un conocimiento avanzado y refelexivo que conduzcan a mejorar la actitud en mis estudiantes es mi reto día a día, al igual que sumergirlos en el mundo del saber.Comprender y saber hacer ciencia.Me agrada este espacio.Muy bién!

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